Llevo tiempo pensando en los vados. Ya sabéis, vados legales e ilegales. Una división entre el bien y el mal, que es el que hace la administración (la DGT). Y aplica el Ilustre. Esto es legal y, por tanto, permitido. Y esto, al no ser legal, está prohibido. En medio de ambas posturas, lo ético y lo moral, el sentido común y lo cívico.
Las placas de los vados legales se “compran” en el Ayuntamiento. La chapa la clavas en la puerta de tu bajera o almacén y eso te da derecho a que en ese “espacio” solamente puedas aparcar tu coche y solamente tú. Quien lo haga, transgrede la ley. Y, entonces, si, tú, un día cualquiera vas a abrir tu bajera para sacar tu coche y te encuentras otro delante de ella, pues haces lo que buenamente puedes: te enteras de quién es ese coche entrometido, llamas a su dueño y, si lo encuentras en su casa, le dices lo que pasa… Lo que pasa es que, quizás, esto pase a las 6:30 de la noche y el irresponsable invasor vadista no está localizable y que en el pueblo no hay grúa que pueda retirar al okupa irresponsable… y que empiezas a perder la paciencia…
Tengo que advertir que un día, cuando yo no tenía un vado legal en la puerta de mi bajera, uno plantó su coche en ella y cuando fui a decirle que su vehículo taponaba mi bajera, me dijo: “¡ES QUE NO TIENES VADO!”.
Era cierto. No tenía vado legal, ni, tampoco, de los vados de chichinabo que colocan algunos y que imitan a los de verdad: “Se prohíbe aparcar”. Hay quien los pone en la puerta de su bajera y, si ve que otro coche se la taponaba, impidiéndole salir, se ponen como ogros gritándole de malos modos “¡Pero, ¿nos has visto que pone prohibido aparcar?”. Lo cuento, porque me ha pasado.
Es que hay gente que cree que con estas placas falsas tiene “derecho” a un lugar de aparcamiento durante todo el año delante de su bajera. Sabe que no es así, pero se hace el longuis y, a veces, el chulo como el que me tocó enfrentarme a mí.
La solución que yo adopté, tras mi encuentro con quien me hizo ver que yo no tenía un vado verdadero, con licencia municipal, fue ir al Ayuntamiento y hacerme con uno. Pensé que, a partir de ahora, ya no tendría más problemas. No fue así.
Un día cualquiera fui a trabajar y mi sorpresa fue mayúscula al encontrarme delante de mi bajera un coche estacionado, tapando media salida. Bueno, te armas de paciencia. Te dices aún tengo tiempo para solucionar el entuerto. Pero, hostias, tú, entre que buscas al dueño, lo localizas, pasa media mañana perdida, que nadie me va a pagar. Llamas al trabajo. Le dices al jefe que no puedes ir, porque pasa lo que he contado. Al no localizar al dueño, buscas a un municipal que tampoco lo pillas -a las 6:30 imposible. Esperas a que abran el ayuntamiento. Por fin, doy con la autoridad. Ponen la correspondiente multa al “transgresor”, un dinero para el Ilustre, que no para mí. Nadie te va a compensar medida jornada perdida…
Desgraciadamente, la misma situación se da al mes siguiente. Para sorpresa mía, se trata del mismo coche y del mismo dueño. Vienen a mi mente multitud de adjetivos del arroyo, pero me contengo y remuevo el agua. Solamente recuerdo que, cuando era un muete, cuando la gente iba con su coche y veían una portalada, sin vados legales ni ilegales, a nadie se le ocurría aparcar delante de ella. La gente sabía que en esa bajera entraban y salían autos y ese hueco se respetaba, joder, por sentido común, y se buscaba otro lugar, que siempre lo había si se buscaba.
Ahora todo es legal o ilegal. ¿Dónde ha quedado el sentido común, el respeto a lo ajeno y el civismo? Primero yo, luego yo y, después, yo.
En esta época predominan los vados legales tanto como los ilegales. No comprendo bien porque existen ambas modalidades. Porque, para qué sirven los legales. Tiene gracia. Porque, incluso, los colocan gente que no tiene coche. ¿Para qué compran ese vado l? ¿Tan sólo para disponer de un espacio libre? ¿A esto nos ha conducido la administración? ¿A comprar espacio libre, un espacio que de todos los ciudadanos? ¿Acaso no pagamos el impuesto de circulación?
Dos cosas para terminar:
Primera: ¿dónde esta la grúa para solucionar el problema de taponamiento que generan algunos desaprensivos ciudadanos? O, bueno, quizás, no sean tan desaprensivos y consideran que eso del vado legal es una ilegalidad, una manera abusiva de sacar dinero fácil al municipio permitido por instancias superiores… claro.
Segunda: la mitad del dinero de la multa que se hace ¿no sería lo más justo ingresarla al dueño del vado? No sé, al no haber grúa y no solucionar el problema en el momento en que la situación lo requiere, ¿cómo se repara al dueño del vado el inconveniente señalado?
La política que se lleva con los vados tiene muchos agujeros. El Ilustre es quien se lleva la tajada, pero el único y verdadero desgraciado es el individuo, no la sociedad. Eres tú quien tiene que ir a trabajar y te tienes que quedar en casa hasta que aparezca ese dueño incívico, porque la grúa no te ha solucionado en el momento el problema, perdiendo parte de tu sueldo y, para colmo, después de haber pagado tu vado. ¿Acaso éste no da derecho al usuario a una indemnización cuando la instalación del vado legal no le evita pagar unos platos que él no ha roto? Debería, ¿no?