SACUDIRSE LA GALBANA

Vecino. Informacion.

SACUDIRSE LA GALBANA

Pocas veces la sociedad recapacita en el poder que tiene para cambiar las cosas, las cosas que están mal, las cosas que nos sacan de quicio y las cosas que consideramos como males irremediables. A veces es posible que estemos esperando que las cosas cambien por arte de magia. Pero por experiencia sabemos que eso no va a ocurrir. Ni menos aún, si no abrimos la boca. Nadie, ni los políticos que están para eso, para solucionar problemas y no crearlos, nos han de sacar las castañas del fuego.

Apenas confiamos en nuestras fuerzas, en nuestra voluntad individual y colectiva para poder cambiar cosas que sabemos muy bien que no están bien y no están bien porque bordean la injusticia, cuando no la injusticia misma. Y lo hacemos porque esa confianza o desconfianza la hemos extrapolado a los políticos que dicen representarnos.

Ahí está, por ejemplo, la subida de los precios de ciertos productos que son básicos y cuyo aumento no se corresponde con el de nuestros sueldos. Por nuestra desidia damos a entender que aceptamos no tener poder para subir nuestros sueldos, pero aceptamos que los comercios, los bares, los supermercados, las panaderías, lo puedan hacer con el “visto bueno” del gobierno y , a veces, ni eso.

Lo mismo sucede con la última subida de las tasas de agua municipales y de la Residencia, según el ultimo pleno municipal. Las suben y ahí te las compongas, Lucas. Nos cruzamos de brazos a la espera de que llegue la factura del agua y, al verla, decir ¡”serán cabrones!”, pero ahí quedará la cosa. ¿Qué se puede esperar de una ciudadanía que, cuando el agua del grifo viene contaminada, se dedica, en lugar de salir a la calle a protestar y exigir al ayuntamiento un arreglo permanente del desaguisado, se dirige a los supermercados a hacer acopio de botellas de agua de 5 litros, cuya procedencia vete a saber cuál es? Nunca he pensado que los ciudadanos tenemos los gobiernos que nos merecemos, pero, a veces, no queda más remedio que aceptarlo como un mal tan enquistado como irremediable.

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