HABLAR DE POLITICA
Vecino. Informacion.

¿Por qué se repite una y otra vez que hablar de política es un mal plan y que quienes se embarcan en tal conversación terminan dándose palos o llamándose de todo, menos guapo? ¿Qué interés hay en que dicho tópico siga conservándose como si se tratara de una línea roja sanitaria que conviene no traspasar, porque, caso de hacerla, producirá una urticaria, que, una vez contraída, nos va a dejar hechos una piltrafa?
¿Por qué hablar de política tiene mala prensa? Si es porque nos enemista, entonces, tendríamos que estar todo el santo día callados. A fin de cuentas. ¿hay algo de lo que podamos hablar y en lo que no saltemos como chispas de fuelle? ¡Si hasta en las discusiones sobre el tiempo que hace, nos saca de nuestras casillas!
Quizás, lo primero que habría que aclarar es qué se entiende por política. Y, una vez aclarado, atenernos a las consecuencias. ¿Cuáles? La de darnos cuenta que la mayoría de las veces que hablamos, emitiendo juicios de todo tipo, sobre esto y lo otro, estamos hablando de política. ¿Mala política? Probablemente. De ahí que su resultado sea tan poco agradable. Es que conviene informarse bien antes de largar. Y este conocimiento no se da por arte de magia. Requiere dedicación como cualquier oficio. En cuanto a hacer política, lo mismo. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, no dejamos de hacerla. Pasa lo mismo con el hecho de hablar de política. No es la política la que nos lleva a terminar mal en nuestras conversaciones. Cualquier tema sobre el que mantenernos distinta opinión, puede terminar con nuestra paciencia y montarla. Por muy banal que sea.
La política no tiene culpa alguna de que no soportemos la opinión de los demás, lo que está en nuestro derecho. El problema está en que, cuando no aceptamos esa opinión, dejamos también de aceptar a quien la sostiene. Lo que complica mucho las relaciones. Sobre todo, si esa opinión la calificamos de política. En realidad, lo que nos pasa es que, quizás, no sea la política lo que nos molesta, sino la gente que no tiene nuestra misma opinión. Y eso se paga. Y la primera en pagarla es la política. Pero esta no tiene culpa de nada, sino nosotros y nuestra intransigencia. Da lo mismo de lo que hablemos o dejemos de hablar, si alguien nos ha entrado por la tangente, olvidémonos de reírle las gracias, hable de lo que hable. Nosotros iremos por la cotangente. Nos afirmamos contra los demás; rara vez, con los demás.
Asimétrico

