UN CUENTO: CASETA DEL ROMERO

Vecino. Informacion.

UN CUENTO: CASETA DEL ROMERO

Había una vez, en el recóndito y siempre verde soto de Romero, una paz que solo se veía interrumpida por el susurro de los chopos y el ocasional chapoteo lejano de unos barbos. Sin embargo, el progreso —ese visitante que llega sin llamar y con la cartera llena de dinero ajeno— decidió que la naturaleza necesitaba vigilancia, o al menos, un techo bajo el cual la vigilancia pudiera echarse la siesta.

Todo comenzó con una subvención europea. Ya sabéis. Unos fondos destinados, sobre el papel, a la “puesta en valor de la biodiversidad y el fomento de la infraestructura silvestre”. Traducido al lenguaje del Soto, esto significaba que el Ayuntamiento podría recibir una lluvia de 35 000 euros. Y, mira por dónde, que va el Consorcio Eder y se los otorga para construir una Caseta para el guarda.

Lo más curioso del caso no ha sido la obra en sí, sino su carácter casi místico con el que se ha envuelto su construcción. Se ha hecho con un sigilo propio de una operación de espionaje en tiempos de guerra: • Sin anuncios: No hubo carteles ni en la INFOR: “Próxima inauguración”. • Sin ruidos: El pueblo, que suele enterarse de quién estornuda en la plaza, no oyó ni un solo martillazo. • Sin testigos: Los vecinos paseaban por la linde del soto y, de repente, donde ayer había un matorral de zarzas, hoy se erigía una primorosa cabaña hechA de madera barnizada y piedras de sólida estructura.

Como la arquitectura requiere amor y confianza nada mejor que se confiara dicha obra a Revestimientos de Navarra, cuyo mandamás es el padre de la concejala de urbanismo municipal. Al parecer, la única empresa capacitada en toda la región para clavar cuatro tablas en medio de un soto. No se piense mal. Es cuestión de eficacia operativa. “El padre conoce el terreno, y yo conozco a mi padre. Todo son ventajas”, habrán pensado.

Así, el soto de Romero presume hoy de una caseta espléndida que sirve de monumento a la arquitectura familiar. Los pájaros la usan para anidar y los jóvenes, quizás, para sus furtivos encuentros. Bueno, menos es nada.

Y Colorín colorado, este cuento por la chimenea se ha escapado.