Crónica de una Omnipotencia: El Arte de Gobernar de Espaldas al Pueblo
Vecino. Informacion.

I. La Excusatio Non Petita como Doctrina de Estado Dicen los clásicos que quien se excusa, se acusa, pero nuestra alcaldesa ha preferido elevar la disculpa preventiva a la categoría de Bellas Artes. No estamos ante una gestión que rinde cuentas, sino ante un soliloquio permanente. En su particular universo retórico, los meses no pasan para solucionar problemas, sino para perfeccionar el catálogo de justificaciones que expliquen por qué la realidad se empeña en llevarle la contraria a sus deseos.
II. El Urbanismo de Autor y el Silencio de los Planos Resulta fascinante observar su capacidad para practicar un urbanismo místico: aquel donde los planos desaparecen del escrutinio público para transformarse en actos de fe. Ignorar a la mayoría para favorecer el ladrillo de un solo vecino no es un error de cálculo, es una declaración de principios. Para nuestra alcaldesa, el interés general es un concepto engorroso que no debe interferir con su visión de convertir en suelo urbano aquello que nadie pidió, pero que ella —en su infinita sabiduría— ha decidido bendecir.
III. La Realidad Alternativa: Entre Ratas y Metamorfosis Posee la alcaldesa un don casi alquímico: la capacidad de negar las calificaciones del suelo hasta que, por puro agotamiento administrativo, parecen desvanecerse. Mientras tanto, el pueblo disfruta de una estética de la decadencia cuidadosamente cultivada: calles que desafían la suspensión de los vehículos, una biodiversidad urbana que incluye plagas que nadie solicitó y un suministro de agua que, por su dudosa calidad, bien podría pasar por un experimento de resistencia física. La eliminación de espacios verdes no es sino su forma de recordarnos que la naturaleza es, a todas luces, una distracción innecesaria frente al cemento ideológico.
IV. La Institución como Púlpito Personal Finalmente, debemos agradecer la generosidad con la que utiliza la cuenta oficial del Ayuntamiento. Es reconfortante ver cómo un canal que pertenece a todos los ciudadanos se transmuta en el folletín personal de una facción. Al responder a la oposición desde el perfil institucional, la alcaldesa nos ahorra la molestia de distinguir entre el Estado y su persona; ella es el pueblo, ella es la ley y, por lo visto, ella es la única voz autorizada para decirnos —con un inconfundible sesgo de derecha— qué debemos pensar mientras caminamos entre la suciedad de sus calles s lo que pone de manifiesto. Tira siempre para el mismo pesebre. Verdad es que, como dice la INFO, la mayor riqueza de Villafranca es su gente. El problema está en que el Ayuntamiento no saca las consecuencias prácticas de respeto y de tolerancia que dicho descubrimiento conlleva. Porque “eso” que llama gente es plural, diversa, nada homogénea ni uniforme. Responder a esta diversidad no es fácil, menos aún cuando no se cuenta con ella a la hora de tomar decisiones justas que afectan a todos.

