EL TIRAMILLAS EN VILLAFRANCA

Vecino. Informacion.

EL TIRAMILLAS EN VILLAFRANCA

El programa se anunció como el no va más de la temporada. Nada más y nada menos nos alertaban de que nos iban a revelar el gran enigma del villafranqués, acerca de su identidad. Se nos iba a mostrar “lo que nos define y nos hace únicos como villafranqueses”. Así lo proclamaba la INFO municipal. Así que con razón se nos aconsejaba ver el programa y “compartir con orgullo” el reportaje, una vez subido a YouTube.

Lástima que dichas expectativas se vieran rebajadas por la propia INFO al sostener que lo que nos ha definido y lo que nos ha hecho únicos ha sido lo de siempre: “nuestra agricultura, nuestra ganadería, nuestro comercio, nuestro arte urbano, nuestro patrimonio barroco y, por encima, de toda nuestra gente”. Curioso que no se añadiera: “nuestra religión, Santa Eufemia y la Cruz de Caravaca”, o sea, “tradiciones de toda la vida”, oiga.

Lo del patrimonio barroco, también, es asunto complicado de entender. Porque ese patrimonio barroco, del que tanto se presume, no es del pueblo sino de los descendientes ricachos del pueblo: Gaytán-Rodezno, Bodadilla -Martínez Arizala, Escudero, Zapatería-Figueroa…

¿Qué parte alícuota nos corresponde a los villafranqueses de semejante propiedad? Cero al cociente y bajo la siguiente cifra. Se trata de un patrimonio al que el pueblo jamás ha metido mano. Más aún, y, cuando quiso recuperarlo con relación al patrimonio de las corralizas y comunales -y ello mediante pago-, sus dueños mandaron al pueblo a la mierda. En cuanto a la Iglesia, tampoco, el pueblo es su “dueño”, ya que como tal inmueble está inmatriculado a nombre del Arzobispado, y no será porque el pueblo hizo lo mucho y más porque su titularidad pasara al Municipio en tiempos remotos. Así, ¿de qué patrimonio del pueblo estamos hablando si todo él es propiedad de los de siempre y su uso, con excepción de la Iglesia, es, ha sido siempre particular y lo será, sin acceso al “populacho”? ¿Cuánta gente de Villafranca ha visitado siquiera la casa de Arévalo o de Zapatería? Y el Palacio de Bobadilla, ¿desde cuándo ha podido hacerlo?

¿En qué afecta a nuestra identidad y en que nos hace únicos la existencia de las casas señoriales y palacios del pueblo? ¿En recordar que Villlafranca ha sido una población sometida históricamente a cuatro o cinco ricachones que en lugar de invertir en mejorar a su pueblo lo hacían en papel de Estado? Construyeron sus edificios con el dinero que sangraron a los agricultores del pueblo y ¿ahora nos jactamos de sus casas como si fueran nuestras…? ¿Esto forma parte de la identidad de Villafranca y nos hace únicos? ¿Acaso significa esto que tenemos los villafranqueses un componente masoquista del que no nos hemos librado? ¿O un ADN de siervos al estilo medieval que doblegamos el espinazo ante los títulos nobiliarios y demás pendejadas?

Nada que objetar a los agricultores, ganaderos y comerciantes de Villafranca, -televisios ellos-, que, sí, representan a su manera a todos aquellos que lo fueron antes. Pero no nos hagamos ninguna ilusión, pensando que eso nos hace únicos y nos define. Ningún oficio lo hace, ni nos hace mejores ni peores como seres humanos, ni nos diferenciamos de nadie por ser albañil, fontanero, panadero, maestro, funcionario, policía, informático, ingeniero, más guapo, más alto, más culto, protestante, musulmán, ateo,, peruano, ecuatoriano, boliviano, rumano… Nuestra identidad es, ante todo y sobre todo, ética. Que es la que nos salva de ser unos primates irracionales.

Villafranca es una población diversa y plural. Hoy, más que nunca. Una diversidad que El Tiramillas ni lo ha olido. Es una sociedad heterogénea por diversas causas y trata de vivir lo mejor que puede, tratando de integrar en su seno culturas, religiones, ideologías e intereses distintos. Se trata, pues, de un intento político y social, también, ético y laico, y que el actual Ayuntamiento es incapaz de articular, porque su falta de respeto y tolerancia a quienes no bailan a su agua se ha hecho ya marca de la casa municipal.

De boquilla, reconocerá que Villafranca no es ninguna unidad homogénea y uniforme, pero, en la práctica, es lo que pone de manifiesto. Tira siempre para el mismo pesebre. Verdad es que, como dice la INFO, la mayor riqueza de Villafranca es su gente. El problema está en que el Ayuntamiento no saca las consecuencias prácticas de respeto y de tolerancia que dicho descubrimiento conlleva. Porque “eso” que llama gente es plural, diversa, nada homogénea ni uniforme. Responder a esta diversidad no es fácil, menos aún cuando no se cuenta con ella a la hora de tomar decisiones justas que afectan a todos.