LA TRASHUMANCIA

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LA TRASHUMANCIA

La tradición de la “Trashumancia de Villafranca” es todo un fenómeno. Es fascinante cómo, en apenas cinco años, algo que no aparece ni en las notas al pie de los archivos parroquiales se convierte de repente en una “cita ineludible” con raíces supuestamente ancestrales y tradicionales. Es enternecedor ver cómo Villafranca ha logrado comprimir siglos de historia ganadera en tan solo un lustro. Mientras otros pueblos tardan 400 años en consolidar una tradición, aquí han pasado del tractor de los años 60 a la pasión caballista más visceral en lo que dura una legislatura. Resulta curioso que el caballo desapareciera con la llegada de la mecanización y, tras décadas de cómodo motor diésel, de repente el ADN local reclame “el movimiento del ganado en vivo”. No es evolución, es una versión cinematográfica en toda regla.

No quiero ser mal intencionado, sino una mera coincidencia Cósmica. Que la “segunda de a bordo” del Ayuntamiento comparta mesa y mantel con un ganadero local es, por supuesto, una casualidad astrológica. Es evidente que la pasión por el mundo del toro y el caballo le sobrevino al pueblo por generación espontánea, y no por otras razones.

La descripción del evento parece escrita por una agencia de viajes de lujo: “espectacularidad”, “pasión”, “tradiciones ganaderas”. Si seguimos así, en la décima edición nos convencerán de que los fundadores del pueblo llegaron a caballo en lugar de en una humilde carreta tirada por bueyes.

En fin Como quiera que lo dice el folleto es una cosa, aclaremos lo que significa en realidad. Allá va: Tradición de Villafranca: “Algo que inventamos hace cuatro veranos en un pleno. “Cada año gana fuerza: “Cada año le metemos más presupuesto y más fotos en redes. “Anótalo en tu calendario: “Por favor, ven para que la inversión de la concejala parezca un éxito .“Pasión por el campo: “Pasión por el postureo ecuestre y el beneficio del sector amigo.

Borriquita como tú