ESCOMBROS EN EL EXTRARRADIO

Vecino. Informacion.

ESCOMBROS EN EL EXTRARRADIO

Estoy tan desconcertado que no doy crédito a lo que he descubierto en mis paseos solitarios por el extrarradio del pueblo. En esta ocasión, cerca del cementerio, al final de la calle Pamplona, en un camino que sube al Palomar, me he tropezado con cientos de sacos de escombros, supongo que de obras recién hechas en casas particulares, cuyos dueños, escaqueándose de pagar las licencias de obras correspondientes, arrojan en algunos extrarradios de la localidad dichos restos, algunos en sacos llenos de cascotes, de ladrillos, maderas, hierros y otros desechos colchones, armarios rotos, cristalería de todo tipo, bidets, lavadoras… sin nada que los cubra.

Se puede “entender” que la gente trate de escaquearse de pagar tales impuestos, pues no están los bolsillos de la gente para desembuchar cientos de euros para que te den sin más el visto bueno. Pero lo que ya no se puede soportar es la dejadez del municipio

La existencia de este panorama revela que no existe un servicio de vigilancia municipal eficaz, teniendo como resultado final de esta situación unos extrarradios convertidos en unos grandes estercoleros. Dado que la acumulación de estos despojos revela que solo han sido posibles tras un tiempo prolongado, se puede concluir que al municipio no parece preocuparle tal estado de cosas o, peor aún, que ni siquiera se ha enterado de semejante delito ecológico y que está esperando a que los de SEPRONA algún día lo denuncien. Porque, si sabe de tal delito ecológico, no se entiende que no haya actuado. A no ser que tal acumulación de basuras las contemple como algo natural y parte de una tradición que desconocemos. Pero no, no lo parece, si no, el espectáculo habría salido en el programa de El Tiramillas, como una aportación original al modo de cómo se trata los escombros en Villafranca.

Sería fácil acusar al Ayuntamiento que le preocupan más los fuegos artificiales y eventos musicales y gastronómicos y carnavalescos que la ecología municipal, pero eso es lo que, en realidad, merece si nos atenemos a su crónica dejadez en este campo.

El panorama presenciado es una agresión brutal, directa, al entorno natural y una falta de respeto a la convivencia. Distintos parajes y caminos que deberían ser para el disfrute se están convirtiendo en vertederos con el riesgo sanitario que conlleva.

La situación se puede considerar como un agravio comparativo, porque, primero, mientras el Ayuntamiento cobra tasas a quienes cumplen la ley, la falta de vigilancia premia a quien comete el “delito ecológico”. Y, porque, segundo, prioriza aquellos eventos de ocio sobre la limpieza y la policía administrativa.

Al parecer, el extrarradio para el ayuntamiento sólo cuenta para construir casetas para el guarda. Para guardar, ¿qué?

Paseante