NUEVO ESTADIO DEL PALOMAR

Vecino. Informacion.

NUEVO ESTADIO DEL PALOMAR

Contemplen la foto. Se confundirían si consideran que lo ven una fuente ubicada en la Plaza Donantes con sus bancos correspondientes para que las personas de cualquier edad puedan sentarse y charlar amistosamente.

Pero, en realidad, se trata de un estadio de vanguardia. Un estadio destinado para que los futuros balones de oro perfeccionen su puntería contra el mobiliario público.

Claramente, esos bancos que observa el lector han dejado de ser el objeto para lo que fueron creados. Ya no son para que los ancianos descansen sus lumbares, sino para que sirvan de caja de resonancia cada vez que un balón de reglamento impacta contra la madera a toda potencia de esos bancos utilizados como porterías.

Lo de la señal de prohibición en la plaza, situado en el verdín anexo al edificio del Ambulatorio es, sencillamente, poesía visual.

Es reconfortante saber que, mientras el civismo muere en una esquina, la puntería de los niños mejora por momentos. ¡A ver si con suerte el próximo “gol” se marca directamente en el ventanal de algún vecino que se queje demasiado!

Si pensamos que los padres solucionarán este problema que tiene hasta la coronilla a muchos vecinos, la tenemos clara. ¿No habéis oído decir a ciertos adultos, cuando se les plantea esta cuestión, que “son unos muetes? ¡Y como son muetes hay que dejarlos con todo! Precisamente porque son unos críos hay que enseñarles modales cívicos.

Desgraciadamente, solucionar este problema ya no depende de la educación cívica del personal, sino de una política de vigilancia y castigo, algo que, hasta la fecha el Ayuntamiento no se ha esmerado en poner en práctica. Y ya es el momento que empiece a actuar. Primero, poniendo en lugar alto y claro que en la plaza está prohibido jugar al balón y, segundo, hacer que la policía municipal se dé alguna vez una vuelta por este campo de fútbol improvisado. La conclusión es obvia: Si la autoridad no enseña a estos imberbes a que sepan que hay ciertas cosas que repercuten de mala manera en la vida de los demás, no esperen que sean los padres. Menos aún si esos padres permisivos también justifican a sus hijos hasta mear en una esquina. Si los perros lo hacen, ¿por qué mi hijo no? Y no lo digo por decir.

Zipi y Zape