UNA MÁS DE INCIVISMO INDIVIDUAL

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UNA MÁS DE INCIVISMO INDIVIDUAL

En el día de hoy, 23 de abril, día del libro, a las 12 del mediodía, he visto a una mujer en la plaza Donantes limpiando su automóvil tan ricamente. Ha pasado el aspirador por los asientos de su interior, ha sacudió las alfombrillas contra el tronco de una acacia y ha arrojado la basura acumulada de los depósitos del aspirador en una de las papeleras de la plaza. No me ha dado tiempo para comprobar si, también, ha enchufado al grifo de la fuente una manguera y con ella ha ruciado también el coche por fuera, los cristales y la chapa del automóvil. Si no lo ha hecho, quizás, ha visto que no lo necesitaba y porque, quizás, no estaría demasiado bien visto despilfarrar unos cuantos litros de agua…

Sinceramente, no sé dónde vamos a llegar en materia de incivismo. Lleva la plaza mucho tiempo, como se decía en otra entrada de este blog, convertida en un mini-estadio de fútbol, gracias al cual chicos de edades entre 9 y 12 años, pasan sus horas de ocio golpeando su balón de reglamento contra los bancos que bordean la fuente de la plaza y las paredes de los edificios colindantes. Pues, bien, ahora, hay quien ha decidido que dicho lugar se convierta, también, en lugar para limpiar su coche cuando considere oportuno. ¿Cuál será la próxima? ¿Asar los pimientos de cristal en medio de la plaza? ¿Churriar las alubias como se hacía en tiempos del paleolítico villafranqués?

¿Y quién evitará que estos desaguisados sigan perpetrándose con premeditación y alevosía? Está claro que el individuo en pelo cañón no lo conseguirá por voluntad propia. Seguro que va a necesitar un empujoncito por parte de la policía municipal. ¿Lo hará esta? Hágalo, por favor, pero no para multar a nadie, sino para avisar a quien así actúa que deje de hacerlo, porque si no lo hace, entonces, sí, les será descontado de su cuenta corriente la cantidad que esté establecida para quien no respeta las condiciones mínimas de habitabilidad que requiere vivir en comunidad. Y lo tiene muy fácil la municipalidad: anuncie tales prohibiciones con chapas correspondientes, pues el personal, por lo común, si no le dicen explícitamente que algo no se puede hacer, no lo hará (bueno, a veces, lo hará con más ganas si se le prohíbe).

Mistol