OJOS QUE NO VEN
Vecino. Informacion.

La imagen que ve el lector pertenece a un vídeo que he grabado. Y el comentario menos cruel que puede decirse al respecto es “¡vaya desastre!” El espectáculo tiene, en verdad, una atmósfera de “naturaleza muerta” -literalmente muerta- que es desoladora. Entre los colchones, el mobiliario de oficina desvencijado y esos sacos de escombros, parece que alguien ha decidido que el descanso eterno del cementerio debía extenderse también a los objetos. Y digo cementerio, porque todo los que ves, lector estupefacto, lo han arrojado detrás del cementerio.
Hay algo irónico, casi macabro, en el paisaje que se extiende tras los muros de nuestro cementerio municipal. Allí donde debería reinar el respeto y el silencio, lo que encontramos es el ruido visual de la barbarie doméstica: colchones que ya no albergan sueños, cajoneras desahuciadas y escombros que narran la historia de una reforma clandestina. Como en un cuadro de Magritte que se niega a ser lo que parece, este “no-lugar” se ha convertido en el monumento a nuestra propia vergüenza.
Repito a la ciudadanía que el civismo no es opcional. Las imágenes que acompañan estas líneas valen, desgraciadamente, más que mil quejas. Nos enfrentamos a un incivismo crónico; a “vecinos” que, en un alarde de desprecio por lo común, confunden el entorno natural con un vertedero. No se trata solo de fealdad, sino de un atentado directo contra el medio ambiente. ¿En qué momento decidimos que el campo es el almacén de nuestra basura? Si seguimos a este paso, tendremos que llamar a los Traperos de Emaús, con todos mis respeto a esta institución, para que monten una sucursal permanente en mitad del monte.
Y a la municipalidad le digo que ya va siendo hora de que despierte. Parece poseer unos ojos que no quieren ver. Porque lo incívico no prospera sin la sombra de la impunidad. Es aquí donde la gestión municipal queda en entredicho. Un Ayuntamiento no puede ser ajeno a lo que ocurre en sus términos; no puede ser un administrador que ignore que el origen de estas escombreras suele estar en obras sin licencia y mudanzas “en B”.
Necesitamos una administración que emule al mitológico Argos y vigile con cien ojos y haya de verdad: un control municipal real: Una vigilancia activa que disuada a los desalmados antes de que descarguen el camión. Una fiscalización de licencias: El rastro del escombro suele empezar en una obra no declarada. Si no se controla el origen, jamás limpiaremos el destino. Y responsabilidad, no dejadez: El abandono institucional es el caldo de cultivo para el abandono ciudadano.
Es hora de que los responsables municipales dejen de mirar hacia otro lado. No podemos permitir que nuestro pueblo sea recordado por sus vertederos improvisados. El civismo se educa, pero la impunidad se corta con voluntad política. ¿Vamos a esperar a que la basura cubra el camino, o vamos a empezar a ser, de una vez, ciudadanos?
Paseante

