RUGBY EN SILLA DE RUEDAS
Vecino. Informacion.

La noticia de la que me hago eco dice así: “Colectivos y entidades denuncian la presencia de Israel en el europeo de rugby en silla de ruedas que se celebrará en Zaragoza”.
Exactamente, más de una veintena de organizaciones aragonesas han denunciado, no la celebración en Zaragoza del campeonato de Europa (B) de rugby en silla de ruedas, sino el hecho de que en dicho campeonato participe la selección israelí, acusando al Ayuntamiento de permitir el uso de instalaciones públicas para lavar la cara al genocidio en Palestina a través del deporte. Para muchas personas permitir que estos equipos compitan en territorio estatal “sin adoptar medidas de suspensión” equivale a “una omisión del deber legal de prevención activa de la discriminación y la complicidad con un régimen que practica el apartheid”.
Resulta paradójico que el mismo Estado que utiliza la violencia indiscriminada contra la población civil palestina o libanesa, dejando a miles de personas mutiladas o con afecciones crónicas -además de los innumerables asesinatos-, pueda participar en pruebas de deporte adaptado.
Los datos a este respecto son escalofriantes. Cada día, desde hace dos años y medio, un niño o niña ha sido amputado por los ataques de Israel en Palestina. Además, se recuerda que “la ONU afirma que 21.000 niños han quedado con algún tipo de discapacidad o lesión de por vida”. El genocidio perpetrado por el Estado sionista ha convertido a Gaza en el territorio con más personas amputadas del planeta. La ONU se refiere a este contexto como una “pandemia de discapacidades”.
Cuando los partidos se celebran en instalaciones deportivas de titularidad pública, la administración tiene el deber de garantizar que su uso esté en consonancia con los principios constitucionales y del derecho internacional. En este sentido, autorizar el uso de espacios financiados con fondos públicos para eventos que involucran a representantes de un Estado que viola sistemáticamente los derechos humanos puede considerarse contrario al interés general y a los fines perseguidos por la política deportiva española, además de “contrario a los principios de no discriminación y respeto a los derechos humanos. Supone una contradicción con la política exterior y los compromisos internacionales. Es la misma contradicción sangrante que aquella que representa un Gobierno cuando dice que condena el genocidio de Israel y, al mismo tiempo, le vende armamento para seguir manteniendo dicho genocidio.
Alguien pensará que, al decir que la celebración de eventos deportivos con representación israelí, sin suspender dichas actividades puede ser interpretado como una forma de legitimación simbólica de esas violaciones, estamos exagerando, pero deberían pensar que los deportista con bandera de Israel representan a un estado genocida y el deporte no puede ni debe ser neutral ante un genocidio.
Si no se entiende este silogismo, es que no se comprende el abecé del Derecho internacional. Es así de sencillo. ¿Que los deportistas con bandera de Israel no son genocidas? Seguro que no. Pero por su comportamiento dan a entender que su país, tampoco, lo es y que Palestina merece ser tratada como lo hace Netanyahu. Si no piensan así, ¿por qué no lo dicen? ¿O es que el deporte debe estar por encima del bien y del mal y no comprometerse jamás con causas universalmente justas? Este un escenario en el que sí cabe decir que quien calla, no solamente guarda silencio, sino que, también, otorga.
Escéptico

