¿SUCEDERÁ ALGUNA VEZ?

Vecino. Informacion.

¿SUCEDERÁ ALGUNA VEZ?

Sigo dándole vueltas a una cuestión que me surge cada vez que asisto a un pleno. Ver una y otra vez cómo la mayoría municipal convierte a la minoría en un simple decorado democrático, me molesta. Desde hace mucho tiempo, los plenos son un monólogo de quien maneja la vara municipal. Una aburrición total. Y quedarse sentado, oír respetuosamente lo que dice la mayoría por boca de su oráculo principal, no lo entiendo como una validación de un autoritarismo pasado de rosca, sino como un signo de impotencia, que el sistema democrático actual no contempla cómo hacerle frente.

Por eso, sueño con que en algún momento la oposición se levante de sus asientos y diga: “¡Hasta aquí hemos llegado!” Sería un acto de legítima defensa institucional. A fin de cuentas, ¿qué pinta actualmente la oposición en el Ayuntamiento? Nada de lo que diga o sugiera se tiene en cuenta.

Lleva la oposición durante la legislatura asistiendo a cada pleno, a cada comisión y a cada convocatoria con el espíritu de servicio que sus votantes le encomendaron. ¿Para qué? La han convertido en un convidado de piedra, ante lo cual, entiendo que la mejor decisión que deberían tomar sería abandonar el salón de plenos de forma indefinida. Sería, así lo entiendo la mejor protesta que podría hacerse contra el avasallamiento democrático de la mayoría. Una protesta por principios éticos, desde luego.

La democracia no consiste simplemente en tener un voto más o cinco; consiste en el respeto a la representación de todos los ciudadanos. Cuando las mociones de la oposición son rechazadas y su turno de palabra se utiliza para escarnecerla, en lugar del debate, el Ayuntamiento deja de ser la “casa del pueblo” para convertirse en un cortijo privado.

Se dice que “hay que estar a las duras y a las maduras”. La oposición lo ha estado desde que empezó la legislatura. Sobre todo a las duras. Ha aguantado el desprecio institucional y el vacío sistemático. Pero existe una línea roja que no debería permitir: y es que su presencia sea utilizada para legitimar un simulacro de democracia.

Desde mi punto de vista, el mejor gesto para sacudir la conciencia de la opinión pública sería irse del pleno. No sería la primera vez que esto sucediera. De hecho, la derecha lo ha hecho en múltiples ocasiones. La oposición debería hacerlo en cuanto la mayoría toma decisiones que son un sinsentido. Se levantan de sus asientos y ¡hasta luego, Lucas! Y hacerlo así cuantas veces sea necesario y éticamente razonable.

Si el equipo de gobierno quiere gobernar solo, que lo haga frente a los bancos vacíos, asumiendo ante los vecinos la responsabilidad de haber llegado a esta situación.

Es muy probable que haya ciudadanos que consideren esta decisión como “irresponsable”. Pero la irresponsabilidad está en cobrar un sueldo público por calentar una silla, donde no se te permite ser la voz de una parte de los vecinos del pueblo. ¿Caerá esta breva alguna vez? No lo sé, pero seguro que sería un buen método para despertar las alarmas ante la deriva autoritaria y mandorrotona de la mayoría del actual gobierno. Esto no es un gobierno municipal democrático. Es el hazmerreír de la democracia.

Expectante