CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO

Vecino. Informacion.

 CAYETANA ÁLVAREZ DE TOLEDO

Corre por las redes sociales una grabación donde Cayetana Álvarez de Toledo pide sacrificar vacaciones por seguridad y libertad. Asegura que “se ha acabado el confort” y que ha llegado el fin de las “vacaciones”.

¡Si lo dice la marquesa! Ahora bien, ¿qué confort? ¿Qué vacaciones? Bueno, si son los suyos y los de su clase, bienvenido sea ese finiquito genial. Lástima, pero no. Cayetana habla de vacaciones geopolíticas, esas que van de Occidente al frente ruso y chino, y que coinciden con las política del mercado y que en Europa se reducen a congelar pensiones y a recortar festivos para cuadrar las cuentas de las empresas. Cualquiera percibe que pedir sacrificio y mengua de su bienestar al ciudadano de autobús diario, mientras la muy pícara lanza discursos desde el salón de su casa, es de un cinismo que hiela el esternón. Antes se decía: “Hay que apretarse el cinturón”. A lo que se replicaba ¿cuál? Cayetana lo tiene claro, el tuyo, ciudadano de a pie, que el suyo vale un potosí y es de marca.

Asegurar que su pregunta definitiva y transcendental “¿Qué estás dispuesto a perder por salvar la democracia y la libertad?” no es retórica. Y tiene razón. No lo es. La retórica es el arte y la disciplina de utilizar el lenguaje para conmover o deleitar a una audiencia. Y una pregunta de esa calaña entraña un desafío tramposo. Juega con el miedo de la buena gente. Y lo peor. Está al mismo nivel ofensivo que la pregunta que utilizaron los carlistas y falangistas golpistas de 1936: “A qué estás dispuesto, tú, buen español, por tanto buen cristiano y católico, a entregar para salvar a España de la amenaza del comunismo?” La respuesta fue la vida. Y, por tanto, también, la muerte de quienes se les opusieran. Porque si, antes, no defines qué es libertad o seguridad, ¿qué estás pidiendo en realidad?¿En qué consiste salvar la democracia para la derecha? ¿En qué consistió salvar a España del comunismo en 1936?

Lo dicho. Cayetana no sabe qué es hablar respetando el orden discursivo de la retórica. Apelar a los valores occidentales, el humanismo y la libertad un día, y, al siguiente, criminalizar a los emigrantes que vienen huyendo de la falta de esa seguridad y bienestar de sus países, no pertenece a una retórica congruente. Es verborrea. Y populismo barato.
Cayetana usa el miedo al de fuera para que los de dentro, gente como ella, acepte los recortes de libertades en nombre de la seguridad. Un intercambio de cromos más viejo que la tos. Y nada seguro para el débil. En nombre de ambas, libertad y seguridad, se han cometido los mayores horrores de este mundo. Pensemos que un Estado de Derecho y Constitucional tampoco funciona sin esa seguridad que, como se sabe, está en manos del poder armado.

Esta marquesa pide que la gente se arme ideológicamente y abandone el confort, pero los sacrificios reales de la vida -esos que ella ignora-, como llegar a fin de mes, trabajar en festivos, romperse la espalda en una obra o en una mina, estos, qué casualidad, los deja para que los lleven a cabo la misma clase trabajadora de siempre.

Su discurso no es propio de una retórica. Es palabrería elitista, disfrazada de conceptos abstractos. Pide a la gente que se arme de “ideología” -la suya- y que abandone “el confort” -se supone que lo pedirá a quienes lo disfrutan-, porque aquí, en este país, los sacrificios reales de la vida, llegar a fin de mes y trabajar en festivos, no forman parte de la clase cayetanesca, sino de esa clase trabajadora, sin la cual, Cayetana no podría seguir usando sus maravillosos cinturones de marca.

Quintiliano