MÁS SOBRE EL VIAJE PAPAL

Vecino. Informacion.

MÁS SOBRE EL VIAJE PAPAL

Ante el comportamiento del gobierno de Sánchez, así como el de la sociedad española, ante el viaje del Papa a España, no puedo sino lamentar esta manifestación de vasallaje, tanto del primero como de la segunda ante un jefe de Estado, el Papa que lo es del Vaticano. Menos aún lo entiendo tratándose del Jefe de un Estado totalitario donde la democracia no ha existido jamás. ¿Cuándo, desde que vivimos en una democracia, el gobierno de la nación ha recibido a un jefe de gobierno de esta manera, gastándose una millonada de euros de los contribuyentes en un acto claramente confesional, cuando la Constitución asegura que vivimos en un Estado neutral en materia religiosa? El favoritismo mostrado hacia el Papa da mucho que pensar acerca de las relaciones un tanto serviles del gobierno español. Como suele decirse, aquí hay gato encerrado.

También llama la atención otro detalle que los historiados han criticado despiadadamente, como es la sacralización del líder, el llamado caudillismo, típico de los fascismos europeos representados por Hitler, Mussolini, Stalin, Franco… Me preguntaba a la vista de lo sucedido en Madrid si no se ha vuelto a caer en esa misma tentación, la de elevar a los altares más sublimes al líder de una comunidad religiosa de carácter privado, y jefe político de un Estado llamado Ciudad del Vaticano. Se ve que sacralizar según a quién está fatal, pero hacerlo al Papa de Roma es inefable y sublime.

Luego está la pregunta capital del evento. ¿Se puede saber qué se traen entre sí el jefe de un estado totalitario (el Papa) y un Estado de Derecho y democrático? Alguien debería desmadejar este ovillo para dar con la madeja explicativa de esta tournée o “baño de masas” lleno de emoción y de lágrimas. Porque, si se piensa que el Papa ha venido en peregrinaje a España a predicar la paz y el amor fraternal entre unos y otros, va de cráneo.

Y si es así, ¿qué paz? Se supone que aquí, aunque haya algunos descerebrados que dicen que España se está cayendo a trozos, no hay ninguna guerra, excepto la que ofrecen en el Parlamento los diputados del PP y en la que, hasta la fecha, solo son perros ladradores pero nada mordedores. Y más vale que sigan así. Aunque si utilizaran bozal estarían más guapos.

Puede el Papa predicar paz, amor y rosas, como hacían los hippies. Y recordar el tópico tan sobado de que la fe está en la base de la identidad europea. Aunque tiene gracia este requiebro, porque, a continuación su Santidad ha renegado de los enfoques identitarios ya que solo conducen al enfrentamiento entre unos y otros. Al parecer, la identidad religiosa, la católica, por supuesto, es la que conduce a la paz. Menudo cachonedo. Conociendo la historia de la Iglesia en esta materia, da un poco vergüenza que se apele a la identidad religiosa como el bálsamo que nos llevará a la paz perpetua. Más bien se trata de una “identidad asesina”, como así la calificaba el escritor egipcio Malouf.

En fin, de lo que estamos seguros es que nada de lo que haya negociado el Gobierno de España con la diplomacia vaticana saldrá a la luz. Y tened por seguro que el Gobierno y el Estado de la Ciudad del Vaticano seguirán manteniendo en pie el Concordato de 1953, reflotado en 1979. Y seguro que los bienes públicos inmatriculados por la Iglesia no serán devueltos a sus antiguos dueños en cuanto el Papa regrese al Vaticano y mande la orden de hacerlo a la jerarquía eclesiástica española.

Así que vuelvo a preguntar: ¿para qué ha viajado el Papa a España? ¡Ah, sí! Para recordar que todos somos hermanos y tenemos que querernos mucho. Porque, si no lo hacemos, siendo cristianos y católicos, nos condenaremos al infierno, como se supone que ya lo estarán la mayoría de los políticos de este país. A no ser que el “odio” que parecen tenerse unos a otros sea parte del espectáculo.

Antibiótico