CUANDO INFORMAR DEJA DE SERLO

Vecino. Informacion.

CUANDO INFORMAR DEJA DE SERLO

Con la INFO municipal pasan dos cosas muy particulares. Una, el trajín que se lleva la persona que llena sus contenidos. No se sabe si es un edil o una “edila”, pero, ya por el trabajo que se lleva entre manos, el ayuntamiento tendría que ir pensando en una concejalía específica, con dedicación exclusiva Y, si esto va para largo, está claro que, para acceder a dicha concejalía, su representante tendrá que tener conocimientos de tecnología y, muy en especial, de los algoritmos de la IA y sus maneras de manipular y crear falsas noticias, tarea que, con el tiempo, será muy valorada por los ayuntamientos. Pues los municipios cada vez están dirigidos por ediles formados por B. Gates mucho más que por Aristóteles.,

La segunda cosa está relacionada con la naturaleza de la información que filtra la INFO. NO sólo por la selectiva información que recoge, sino por el hecho de confundir el acto de informar con el de opinar, juzgar o interpretar.

Y no son lo mismo. La INFO puede y debe informar y guardarse sus opiniones para ella. En parte porque no es esa su función. INFO no es un púlpito para expresar la ideología de la mayoría municipal. Y, sobre todo, porque, a estas alturas, se las puede ahorrar, pue la conocemos muy bien. Aclaremos la cuestión con un ejemplo. Cuando informa acerca de una actividad relativa al Barroco rara vez se limita a decirlo. Afirmar que el Barroco es parte del patrimonio artístico de Villafranca, es un juicio de valor cuya obviedad es conocida por todos los villafranqueses y nadie discute, aunque habría mucho que matizar sobre dicho concepto. Lo que ya se pasa de la raya informativa es opinar que tal patrimonio es parte de la identidad de Villafranca. Esto es un juicio de valor que se pasa la línea roja de la información, no sólo discutible, sino que, tampoco, es cierto.

Para terminar ia a decirles que dejaran de darse tanto autobombo cada vez que “infonean” nuestros móviles, -lo que como ve es una opinión-, pero ¿para qué, si es parte de su carácter? Así que cambiemos el consejo por un cuento.

Érase una vez una pequeña rana envidiosa del tamaño de un buey. Intentó inflarse para alcanzar el tamaño de este. Al no lograrlo, tras repetidos intentos, siguió tomando aire hasta que terminó explotando. ¿Moraleja? Ustedes mismos.

Y cuídense. Y cumplan el papel asignado por la democracia, no pasándose con sus “croacs” sin inflarse demasiado, no vaya a ser que exploten un día de estos de un mal de aire…

Batracio