Villafranca: la utopía de la Ribera

Vecino. Informacion.

Villafranca: la utopía de la Ribera

Soy octogenaria, por tanto, muy mayor. Y al hilo de lo que voy leyendo en este blog, gracia al que veo la realidad de nuestro pueblo con mayor distancia crítica de lo que suele aparecer en la INFO municipal, la cual, la mayoría de las cosas que cuenta y ofrece no me afectan, quisiera deciros que Villafranca, no es que me la hayan cambiado, sino que yo ya no me reconozco en ella.

Pero me gustaría decir que al ritmo que va este cambio, Villafranca, con tiempo que ya no es solo ese rincón asentado sobre las arcillas de la Ribera y los mosaicos de la Socorona; ahora, he descubierto que es, también, una desconcertante factoría de sevillanas flamencas y, próximamente, por lo que he leído sobre el futuro Gimnasio, atletas de musculatura esculpida en mármol. Hasta lo puedo imaginar, Una camina por sus calles y casi se puede oír el eco del taconeo andaluz compitiendo con el jadeo de los velocistas locales. A este ritmo de fervor folclórico-deportivo, no pasará mucho tiempo antes de que las autoridades decidan rebautizar la histórica ermita de San Pedro, transformándola oficialmente en una sucursal norteña de El Rocío. Los olivares y las huertas mudarán en marismas imaginarias y el cierzo se camuflará de brisa del Guadalquivir.

Y ¿qué decir del porvenir deportivo de la juventud? Visualizo ya los próximos Juegos Olímpicos, donde la delegación local no irá a participar, sino a arrasar sin piedad. Los y las atletas villafranqueses coparán los podios mundiales, colgándose el oro mientras en el pueblo se descorchará champán francés.

Ante semejante despliegue de músculo, salero y medallas, la geografía política tendrá que rendirse a la evidencia: acabaremos siendo una isla autárquica e independiente dentro de la propia Navarra, una república soberana rodeada de campos de cultivo.

Solo nos queda rezar para que a la actual alcaldesa, cegada por este bum de orgullo local, y a todo su séquito de concejales no les dé un día por chapurrear un inglés de Oxford con acento ribero. Sería el colmo del elitismo: una estrategia lingüística desesperada para marcar distancias y diferenciarnos, todavía más, de los pueblos colindantes. Imagínense a la corporación municipal despidiéndose con un “Bye, darling” desde el balcón del ayuntamiento ante unos vecinos atónitos.

En fin, amigos y amigas villafranquesas, que Dios, o quien sea la persona de la santísima Trinidad que actúa en estos asunto, nos libre del bilingüismo de secano, además de pillarnos confesados.

Doña Urraca