UN BANDO BIEN INTENCIONADO, PERO EQUIVOCADO

Vecino. Informacion.

UN BANDO BIEN INTENCIONADO, PERO EQUIVOCADO

Pensando en el contenido de este voluntarioso bando, reconozco que los ayuntamientos hace tiempo que han perdido la batalla en este campo. Los bandos contra esta lacra no han sido capaces de detenerla ningún ayuntamiento. Y ello a pesar de que sus ordenanzas municipales eran muy claras al respecto, lo mismo que las actuales contra el ruido ambiental. Y seguimos en las mismas. Como en el siglo pasado. La única solución que propone el texto municipal a este desvarío cívico es recordar a quienes jamás leen un bando municipal que serán castigados con multas de entre 12 y 90 euros. Amenaza tan ridícula como inútil.

Si el Ayuntamiento ofrece sólo la perspectiva punitiva para llevar a su pueblo a las más altas cotas de la higiene y salubridad públicas, va de cráneo. Cuando un pueblo arrastra una herencia cultural basada en el “ordeno y mando”, la democracia se malinterpreta: se confunde la libertad con la falta de responsabilidad, y el espacio público se percibe como “tierra de nadie” en lugar de “tierra de todos”. Existe esa mentalidad paternalista de: “Como ya pago mis impuestos, que venga el Ayuntamiento a limpiarme el portal” o “Si no hay un policía mirándome, puedo hacer lo que me dé la gana”. Es la mentalidad del súbdito que sigue imperante en nuestra sociedad y no la del ciudadano, consciente de sus derechos pero también de sus deberes. Y mucho más tendrá el Ayuntamiento que darle al magín para conseguir que la ciudadanía entre en razón imaginando soluciones más atrevidas, porque me temo que por la vía punitiva no logrará nada.

Nuestra propuesta iría encaminada a mover el círculo vicioso del castigo a la cartera a la responsabilidad. El lema podría ser :“El civismo no se aprende pagando, se aprende reparando”. No se trata de eliminar la autoridad, sino en redireccionarla. En lugar del ordeno y mando punitivo tradicional, que se ha mostrado inútil en corregir conductas y no solo en este campo, se necesita un “ordeno y reparo” implacables, Mientras la ciudadanía aprende que la democracia es corresponsabilidad, la autoridad del Ayuntamiento debe ser usada no para recaudar misérrimas multas que, dicho de paso, no mejoran el erario, ni tampoco modifican el comportamiento del infractor, sino para hacer cumplir el respeto a lo común. Castigar y pagar multas tienen el efecto contrario.

Siguiendo el principio de que toda infracción debe ser pagada con un servicio a la comunidad, eso significaría que a quien se pille sin recoger la caca de su perro se le castigará con tres fines de semana recogiendo as defecaciones depositadas en los lugares acostumbrados donde los perros del lugar acostumbran a relajar sus correspondientes aparatos urinarios.

En definitiva, la autoridad debería decirle al infractor: “Usted ha sido cazado cometiendo una fechoría incívica. La ley me obliga a sancionarle, pero este Ayuntamiento decreta que la sanción se conmuta por 40 horas de trabajos de limpieza forzosa de…”. Y lugares para limpiar en Villafranca los hay a punta pala.

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