El CALOR, ¡QUÉ CALOR!
Vecino. Informacion.

Si sales de casa y te encuentras con alguien, la única conversación posible girará en torno al calor; un asunto del que ya poco nuevo se puede decir. «La naturaleza es ansí», que decía el novelista. Lo peor es que nada se puede hacer contra esta fatalidad climática. Se recuerda que los veranos de antes eran calurosos, pero lo de ahora es otra historia: es un puto infierno. Un infierno, además, que afrontamos en absoluta soledad. Si tienes aire acondicionado, genial; si no, toca ajo y agua.
Eso, o buscar el amparo de las piscinas, tirarte a su agua fresquita y no salir de ella hasta notar que se te han encogido hasta los kilos que te sobran del abdomen y de otras partes más nobles. Bueno, siempre queda la alternativa del bar. Pero si intentas refrescarte a base de litros de cerveza —porque el agua, ya se sabe, es inodora, insípida e incolora—, quizás acabes hecho un leño encendido por dentro.
¿Qué hacemos con las personas que carecen de medios para afrontar estas oleadas de calor propias de un volcán en erupción? Los poderes públicos, que conocen de antemano estos registros climáticos delirantes, deberían planificar medidas específicas. Como servicio público financiado por los contribuyentes, tendrían que atajar este pánico térmico que ya se está cobrando vidas en el país. Al final, ni ante los fenómenos de la naturaleza somos iguales los ricos y los pobres. Y luego dicen que la naturaleza es sabia.
Cerilla

