MÁS ALLÁ DE LA HOGUERA DE SAN JUANl

Vecino. Informacion.

MÁS ALLÁ DE LA HOGUERA DE SAN JUANl

Nadie en su sano juicio criticaría la suspensión de la tradicional Hoguera de San Juan. En efecto, avivar una hoguera, aunque sea en proporciones minúsculas, al fin y al cabo se trata de cinco pallets mal avenidos, cuando el termómetro tontea con los cuarenta grados a la sombra no sería un acto tradicional digno del mayor respeto, sino una imbecilidad de proporciones considerables. Saltar sobre las brasas en semejante horno atmosférico queda reservado exclusivamente para los mutantes de X Men o para aquellos que confunden el valor con la combustión espontánea. El fuego, por una vez, respetará el calendario. Aplausos para el Consistorio.

Sin embargo, resulta un misterio que esta clarividencia municipal sea un bien tan escaso y racionado. Nos encontramos ante una lógica de quita y pon, Y por decirlo de un modo respetuoso: se prohíbe la chispa pero se mima el combustible.

Me explico. Cualquiera que se adentre hoy en el Pinar juraría haber caído en el reino de la desidia. El suelo no está cubierto de tierra, sino de una alfombra de maleza de treinta centímetros de altura, tan reseca y crujiente que el esparto a su lado parecería seda húmeda. En mi caso, me había acostumbrado tanto a contemplar este abandono que ya lo confundía con su estado natural, como si el destino de un pinar fuera, finalmente, convertirse en una hoguera gigante.

Alguien debería recordar al Ilustre Ayuntamiento que la prevención no es un juego de naipes. Porque, si esa hierba llega a prender, el incendio resultante no será una modesta hoguera festiva: verá arder el Pinar y, entonces, el final de la mansión de Manderley, de la película de Rebecca, le parecerá un plácido amanecer. ¡Aún estamos a tiempo! ¡Tú puedes, Ayuntamiento!