Crónica de una ducha a traición
Vecino. Informacion.

No es la primera vez que me asomo a esta ventana. En efecto, soy el paseante, que, en la mayoría de las mañanas del año, me paseo por los caminos y sotos, extramuros y linderos de nuestro entorno villafranqués. Y, aunque ya he contado en otras ocasiones esta aventura que os cuento, os la vuelvo a relatar como la canción antigua del colacao. Soy ese paseante que, más feliz que unas castañuelas, va tan tranquilo paseando por caminos entre hectáreas y hectáreas de maíces y otros campis, sintiéndote, no en plena comunión con la naturaleza porque eso es imposible, pero sí, con esa paz espiritual que te da el campo abierto, sin ruidos, no diré sin olores, porque no sería verdad y, ¡zas!, de repente, sin previo aviso, se desata una lluvia jupitérica de agua pulverizada que te deja paralizado, por no decir muerto matao. Pretendes escaparte de esa situación, pero no puedes, porque por mucho que corras el único horizonte posible que tienes delante para huir son más tallos de maizales cargados de rocío y agua. Y yo, sinceramente, no soy Usain Bolt en sus mejores récords.
¿Que qué me ha pasado? Lo que sigue pasando desde hace tiempo inmemorial. Lo denuncié en otra ocasión, pero, quizás, porque mi texto no iba firmado, y, por lo mismo, tendría la calificación de cobarde por parte de los valientes que cometen la fechoría que denuncio, pues eso, ni puto caso. Un sistema de riego automático cabrón y desbocado que parece tener contratado un servicio de francotiradores acuáticos con GPS y que, al parecer, conoce perfectamente mi ubicación, ha disparado litros de agua contra mi cuerpo dejándome completamente chirriao.
Al final, sales de la caminata con las zapatillas llenas de barro, chorreando agua por las cejas y con la firme sospecha de que la cosecha de maíz este año será maravillosa a costa de tu dignidad evaporada.
Lectores de este blog. No miento, ni difamo, ni injurio. Cuento lo que veo. Y lo que veo es un espectáculo que el Ilustre no puede permitir que se reproduzca una y otra vez. La foto es concluyente. Esa agua de esos aspersores sin control y sin medida están destrozando los caminos, se los está devorando. ¿Se acuerdan de la campaña del relojico para no despilfarrar el agua cuando nos duchábamos? ¡Qué fácil es montar una campaña pública para que en casa controlemos el agua, los ruidos, las basuras, la suciedad de los descansillos y portales, la caca y el pipi de los perros con la vejiga floja…!
Alcaldesa, ediles del Ayuntamiento ¿cuándo vais a llamar la atención a quienes dueños de esos terrenos dejan campar a sus anchas esos aspersores que disparan su líquido sin pena ni control alguno? Mucha responsabilidad pedís al vecindario para que no despilfarremos el agua, lo que me parece muy bien, pero ¿lo hacéis con estos agricultores? Entiendo que no; yo, a las pruebas me remito. Y, si lo hacéis, os diré que os toman por el pito de un sereno. Porque el panorama se repite una y otra vez. No sé, pero no creo que los tiempos actuales sean muy propicios para dejar que se pierdan tantos litros de agua en los caminos a los que se dejan intransitables. Decidme, por favor, ¿cuántas veces los habéis multado por semejante atentado ecológico?
Paseante

