TRAS EL 18 DE JULIO, SIN NOVEDAD
Vecino. Informacion.

Se ha recordado el 18 de julio, como esa fecha aciaga del golpe de Estado de los militares africanistas. Y al hacerlo se ha condenando a quienes lo perpetraron junto con las ideas, políticas y religiosas, económicas y sociales, que sustentaron la base de su mentirosa justificación. Pero, como suele suceder con este tipo de eventos, ahí se ha quedado la conmemoración -traer a la memoria-, de semejante barbarie. Por si fuera un maldito lugar común de la historia de España, ha sido como siempre un 18 de julio condenando únicamente por las izquierdas. ¿Alguien ha leído algún artículo firmado por Feijóo, Ayuso, Abascal, PP y VOX, donde condenaran sin excusas circunstanciales dicho golpe de Estado? Ni los hemos encontrado, ni los encontraremos tanto en los periódicos de derechas, ni en los blogs de tertulianos más de derechas todavía.
Y bien está que las izquierdas recuerden y condenen esa fecha. Ese 18 de julio fue la señal del comienzo de la barbarie, pero en Villafranca no puede olvidarse que desde esa fecha hasta diciembre se estuvo asesinando a villafranqueses y una villafranquesa con total y absoluta impunidad. Conocemos bien los nombres de los asesinados y asesinadas, pero seguimos sin conocer quienes fueron sus ejecutores, los que dispararon el fusil y el de los cerebros intelectuales que, con premeditación y alevosía, los eligieron para llevarlos a una injusta y cruel muerte.
Hay una voluntad pertinaz por parte de las derechas de olvidar, porque consideran que, recordar aquello, lo único que se hace es “revolver la mierda” como gráficamente se dice a nivel coloquial. Quienes quieren olvidar, saben el porqué. Y se entiende, pero no se comprende.
Se entiende que quienes son descendientes, no solo de los que en el pueblo se han llamado matones, sino, también, de los que siguen considerando que el golpe de Estado y la Dictadura fueron “un mal necesario”, deseen pasar página.
Y eso es lo que preocupa, que estas derechas no hayan sido capaces aún de condenar desde las instituciones que gobiernan aquel golpe de Estado en este 18 de julio pasado. En Villafranca, saben estas derecha que quienes fueron asesinados no cometieron ningún delito, ni ningún crimen. Tan solo defender unos valores que son los que hacen posible que exista la actual democracia.
No se piense que consideramos que esta derechas actuales son responsables de aquellos hechos. Hacerlo sería de una ceguera ética imperdonable. Los hijos y los nietos no deben pagar los crímenes de sus padres ni de sus abuelos. Porque, aunque cueste reconocerlo, fueron crímenes. Y no de guerra. Porque en Villafranca no hubo ninguna guerra. Y no; ni los hijos, ni los nietos de aquellos matones tienen ninguna responsabilidad penal, porque no han cometido ningún crimen. Pero sí cabe afirmar que adquieren una responsabilidad moral cuando guardan silencio y callan en una fecha como la del 18 de julio. Y no es tan complicado. Basta con reconocer que aquello fue un trágico error, una enorme equivocación, que aquellos villafranqueses no merecían aquellas muerte y que es necesario tomar conciencia de que solamente el respeto a la pluralidad política, religiosa, moral, cultural y sexual de las personas es capaz de evitar una tragedia de tales dimensiones, y que los golpes de Estado nunca son la solución a los problemas de una sociedad. Sólo una democracia, es decir, un Estado de Derecho, surgido de unas elecciones populares está legitimado para resolverlos. El resto es barbarie.
Como quiera que los asesinatos de los villafranqueses se perpetraron lo largo de los meses que vinieron tras ese 18 de julio hasta diciembre, aún tiene tiempo el Ayuntamiento para mostrar que está por la labor de reconocer que aquellos asesinados también forma parte de la memoria de este pueblo, lo mismo que quienes salieron vivos de los campos de concentración de Gurs y de Mathausen. Aun está a tiempo, incluso, de dedicarles un monolito en su memoria por haber luchado por los valores democráticos que forma parte de nuestra identidad política actual. Son libres, desde luego, de no hacerlo, pero permítasenos opinar que su sentido de la memoria democrática será, entonces, como mínimo, tan selectiva como sectaria. El Ilustre tiene la palabra.

