EL SÍNTOMA DE LA AGENDA PERPETUA

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EL SÍNTOMA DE LA AGENDA PERPETUA

Cada vez que leo una propuesta de actividades organizada por el Ayuntamiento, veo siempre una “forma de comunicar” y de “hacer política” que invita a reflexionar más allá de las actividades que propone.

Este continuo traqueteo de actividades si no se acompaña con tiempos de pausa o de diálogo real con la ciudadanía, puede tomarse como forma de escapismo que impide reflexionar, no solo al ayuntamiento consigo mismo, sino con el vecindario. El Ayuntamiento adopta un programa de actividades para ser consumidas sí o sí por el ciudadano, quien más que ciudadano es desde hace tiempo un espectador pasivo a quien, sin preguntarle lo que quiere “consumir” se le ofrecen actividades a degustar con calzador. Si te gusta, bien; si no, te aguantas.

¿Qué se busca con estos momentos maravillosos y memorables? Pasarlo bien. Perfecto. Pero es evidente que, cuando la actividad termina, no mejora la cohesión social del ciudadano ni la mejora estructural del municipio. Si el ayuntamiento no busca más que el activismo puro y duro, entonces me callo. Pero debería considerar que como institución no es una mera agencia de ocio.

Desde otra perspectiva, y sin tener nada que oponer al arborismo, me sorprende que se ignoren las actividades de piragüismo que ofrece nuestro río Aragón. Un recurso natural fascinante al alcance de la mano. Quizás ya lo tenga pensado en su agenda el Ilustre, pero, de momento, queda claro que se echa mano de servicios externos de ocio y que, aunque sean gratis o patrocinados por el Gobierno, se evidencia que tiran por lo fácil.

Lo que todavía choca más es si se repara en que el Aragón sí es un elemento identitario de Villafranca y que siga sin explotarse como fuente potencial de un ocio que está al alcance de nuestra manos resulta extraño. Seguro que requiere una gestión más compleja que el hecho de contratar a una empresa foránea, pero ¿qué será dicha dificultad para un Ayuntamiento tan acostumbrado a montar un espectáculo cada quince días?

Hay una inclinación del Ayuntamiento por ofrecer actividades para la juventud. La juventud requiere adrenalina, acción física, culto al cuerpo. Lo que no debería excluir a quienes no quieren “hacer de Tarzán”, durante un día. Sigo pensando que el Ayuntamiento tendría que mimar no solo a esa “juventud física”, sino también a esa otra “juventud de ideas” o simultanear ambas juventudes. Hoy día, parece que van en líneas paralelas condenadas a no encontrarse nunca.

¿Cuándo va a propiciar debates sobre proyectos comunitarios o actividades que arraiguen al territorio a la gente de Villafranca plural y diversa? Con la diversidad de culturas que hay en el pueblo, todavía estamos por presenciar un encuentro de los jóvenes de Villafranca en un debate público. Hay un día al año que se denomina expresamente “Día de la Juventud”. A ver si se aprovecha y se incluye en él un encuentro entre los jóvenes con el lema: “Queremos organizar nuestras actividades de ocio”.

Un ayuntamiento se conoce por las actividades que programa, pero también por el tipo de ciudadano que desea formar con ellas. En la agenda municipal, es el ocio de consumo el predominante. No el ocio que permanece. ¿Se busca un ciudadano solo consumidor y, por tanto, nada crítico? Difícil decirlo. Pero en los tiempos en que vivimos, ya se dice como dogma que somos, no solamente lo que consumismo, sino qué, cómo y para qué consumismos. Y el Ayuntamiento no puede olvidar que es el primer gestor del ocio de consumo de Villafranca de los jóvenes. Una responsabilidad que sólo con ayuda de todos puede cumplir. Actuando de manera vertical, planificando agendas de ocio desde arriba, sólo conseguirá el aplauso de una parte del pueblo, pero no de esa Villafranca que dice representar.

Fumanchú