¡A VER SI ESPABILAMOS, ILUSTRE!
Vecino. Informacion.

Parece que pasear entre el Bar Gorría y la pasarela de la calle Miguel de Cervantes se ha convertido en una prueba de obstáculos digna de Gran Prix. Entre árboles que crecen a sus anchas y matojos y restos fósiles de podas pasadas, la acera se nos queda corta. En ocasiones, de verdad, cuesta sortear los obstáculos. Se agradece, en primera instancia, pues así hacemos ejercicios de psicomotricidad finísima y que para nuestras articulaciones de sesentones hasta nos viene bien, pero me da que algún día, ¡zas!, torcedura de tobillo o un esguince de mil pares y el ayuntamiento a apechugar su responsabilidad civil y penal.
Reconozco que, al contar con la entrañable tradición municipal de mirar hacia otro lado, quizás pretenda convertir el abandono crónico en una seña de identidad, que pronto pasará al repertorio del resto de las identidades que van configurando un modo de ser y de estar, aunque ya no sabemos si de los villafranqueses o, solamente, del Ilustre. No sabemos bien el carácter del villafranqués se parece a los modos de ser y de actuar en esta materia al ayuntamiento, pero ya se dice que quien a lo suyos se parece honra merece.
Lo mío es un toque de atención tan solo. Ya no reprocho nada. Ya no critico nada. ¿Para qué? Y, por supuesto, no tengo nada en contra de la esforzada Brigada municipal que está para lo que les manden los responsables del adecentamiento urbano, pero estaría bien dar un toque al mandamás de arriba para que aparque su siesta eterna en este asunto y procure, ahora, que se acercan las fiestas de que la zona quede libre de obstáculos, antes de que abrirnos paso a machetazos.
Paseante

