YO, YO Y YO
Vecino. Informacion.

He tenido la oportunidad de leer el programa de fiestas de este año y, de manera muy especial, las páginas dedicadas a esa inacabada autoentrevista en la que la alcaldesa repasa la actualidad municipal. Un ejercicio de comunicación de lo más original: una misma se formula las preguntas oportunas para acabar encontrando las respuestas perfectas. Una manera muy cómoda de esquivar intermediarios incómodos y de garantizar que el relato oficial no sufra interferencias imprevistas.
Se percibe el titánico esfuerzo diario que requiere gobernar Villafranca, sobre todo si es una sola persona quien acapara toda la dinámica municipal. No extraña, por tanto, que la gestión municipal sea un camino sembrado de trámites burocráticos, plazos ajustados y dolores de cabeza administrativos, especialmente cuando se topa uno con la siempre compleja área de Intervención, o con el TAN o con una oposición que, según nos cuenta, no termina de ver las bondades de sus modificaciones presupuestarias. Ante tanta incomprensión, resulta entrañable ese llamamiento constante a la paciencia y a confiar en que, cuando las grandes obras concluyan, todos sabremos apreciar la magnitud de los cambios. ¿Y si no salen como esperaba?
Llama la atención lo que el propio relato decide dejar fuera del atril. En esa Villafranca ideal de choperas, inversiones, pistas deportivas, barrocos, carnavales, festivales, la realidad de la calle a veces discurre por otros derroteros. Por ejemplo, ver cómo un proyecto de la envergadura del nuevo gimnasio -que tuvo el reparo formal de más de doscientos vecinos-, se despacha en la entrevista apelando únicamente a que la gente espere y tenga paciencia, como si el malestar ciudadano fuera un simple problema de ansiedad urbanística y no una discrepancia legítima que mereciera algo más que un párrafo de ánimo.
Y, sobre todo,, sorprende el silencio absoluto sobre asuntos que marcan el pulso cotidiano y la convivencia real del municipio. En una localidad diversa y viva, temas capitales como la integración de la población emigrante, el impulso decidido a la educación y la cultura más allá de los fastos puramente festivos, o el cumplimiento de acuerdos plenarios tan significativos como el relativo al edificio para la memoria histórica, desaparecen por completo del mapa. Da la sensación de que, para la entrevistada, Villafranca solo existe en los papeles de las grandes licitaciones, dejando en un discreto segundo plano la gestión de los pequeños detalles diarios y los compromisos institucionales adquiridos en los plenos.
Gobernar es, sin duda, qué priorizar, pero también dar la cara ante aquello que genera fricción o desacuerdo, por mucho que incomode a la narrativa oficial. Confieso que se echa de menos un tono más abierto a la autocrítica y un poco menos inclinado al autoelogio preventivo. Al fin y al cabo, los pueblos los construyen todos sus vecinos, opinen lo que opinen y firmen lo que firmen, y la verdadera altura de miras se demuestra escuchando precisamente a quienes no ven las cosas de la misma manera.
Podría seguir, pero lo dejo aquí. Felices fiestas.
Un vecino atento a la lectura del programa.

