El cuello de botella ferroviario: ¿Madrid como solución o como límite?
Vecino. Informacion.

Se suele ironizar con que Madrid tiene playa debido a su posición privilegiada como epicentro de las infraestructuras de transportes del Estado. Lo cierto es que, desde hace tiempo se viene cometiendo un error de consecuencias pocas veces evaluadas. No referimos al centralismo político de los gobiernos, consistente en potenciar Madrid como el ombligo del mundo, y, por tanto, como el cuello de la botella por donde debe pasar todo el tráfico ferroviario de alta velocidad en detrimento del corredor Mediterráneo que, curiosamente, la Unión Europea exige. Y ya se sabe que para unas cosas lo que dice la UE va a misa y, en otras, al cubo de la basura. Y es que doña Inés va donde hay interés. Pero interés, ¿de quién o de quiénes?
Son bien conocidas las protestas y peticiones de todo el Levante español, casi abandonado a su suerte histórica, y, curiosamente, también, a pesar de las inversiones y obras públicas que se han dedicado a crear un sistema radial y centralizado en Madrid.
Son muy diversas las entidades y sujetos politicos, económicos y sindicales que han argumentado que el retraso histórico del eje mediterráneo -casi habría que decir dejación estructural-, ha forzado necesariamente una concentración excesiva de tráfico en Madrid, cuya consecuencia la ve un ciego: un aumento peligroso de los riesgos de saturación.
Partidos del arco mediterráneo, organizaciones empresariales (como la Asociación Valenciana de Empresarios) y sindicatos denuncian que la falta del corredor del Mediterráneo obliga a que muchas mercancías y pasajeros de larga distancia deban pasar obligatoriamente por Madrid para conectar el sur con el este y el norte del país, o con Europa.
Los críticos señalan que un modelo tan centralizado carece de alternativas de desvío eficientes. En realidad, ese modelo de centralización, que tan potente lo es también en la realidad política del país, no ha sido nunca una buena solución para nada ni para nadie. Al final, el problema enquistado históricamente salta por donde menos lo esperas, o, por donde menos te gustaría que estallase.
Así por ejemplo, para estos sectores “descentralizadores”, el reciente accidente en Toledo —al bloquear el acceso ferroviario hacia el sur— es una prueba contundente, y desgraciada, de que la vulnerabilidad de depender de un único nodo central puede paralizar o comprometer gravemente el transporte de gran parte del país, al no existir un corredor mallado y alternativo que permita desviar los flujos en caso de emergencia. El transporte de mercancías y de viajeros, claro.
Tras la liberalización ferroviaria y la entrada de nuevos operadores (como Iryo y Ouigo), las líneas de alta velocidad que conectan Madrid con Valencia, Alicante y Andalucía han alcanzado picos históricos de frecuencia.
Sectores críticos argumentan que esta alta densidad, sumada a la falta de inversiones en las redes de Cercanías y líneas secundarias del Mediterráneo, estresa de forma crítica los sistemas de gestión de tráfico. Y, cuando este tráfico se asfixia, las tragedias pueden contarse con vidas humanas. Y lo más triste: sin aprender nada de ellas. ¿Por qué? Pues, no sabemos, pero ahí el gobierno debería dar un puñetazo en la mesa y comenzar a tomar en serio la descentralización solicitada por tantos sectores.

