ÚLTIMO PLENO MUNICIPAL
Vecino. Informacion.

Asistir a un pleno municipal o verlo en YouTube suele dejar una sensación de aburrimiento infinito, porque todos son lo mismo. Una repetición constante: “visto uno, vistos todos”. David contra Goliat. La impotencia de una oposición frente a un autoritarismo de quien se cree dueño del cortijo. No hay nada que decir, ni nada que rascar. O, si se dice, por el oído medio me entra y por el ojo ciego me sale. Un patética representación de lo que es una democracia. Y, sin embargo, cuán necesario es que la oposición hable, aunque el patrón no escuche. Y que diga claramente que Villafranca muestra síntomas de un evidente desgaste en cada rincón. Su estado actual de suciedad es innegable. No lo señalamos con el propósito de pregonar las carencias del equipo de gobierno. Son ya lo suficientemente conocidas. Vergüenzas que quedan denunciadas tanto en los plenos por la oposición como en este mismo blog que, dicho de pasada, no responden a una vocación destructiva frente a iniciativas que busquen el beneficio del municipio y satisfagan las necesidades de los villafranqueses.
En Villafranca, predomina lo efímero, lo fugaz y lo superficial; impera una política de inmediatez, carente de visión de futuro. El cortoplacismo define esta gestión. Podríamos enumerar una a una las deficiencias estructurales e institucionales que caracterizan al actual equipo de gobierno, pero sería redundante. De entrada ese equipo no es tal. Trabajan todos para uno, pero no uno para todos. Y la lista de quejas de la población abarca desde los purines y el impuesto gimnasio por mis cojoncios hasta las casas baratas abandonadas a su suerte; lo hacen las calles en pésimo estado, la suciedad en las aceras, las plazas secundarias -lejos de la Plaza Mayor- y las hierbas brotando por cualquier resquicio del pavimento. A esto se suman las fachadas históricas con escudos cada vez más erosionados (evidentemente ajenos al esplendor barroco), los malos olores cuando el bochorno intensifican las emanaciones ganaderas, y los estercoleros piratas que rodean el perímetro urbano. Todo ello se agrava con un mantenimiento insuficiente por parte de la brigada municipal, un equipo meritorio, pero claramente desbordado por la falta de personal.
Para colmo, los presupuestos, en esta ocasión y nada extraño, se prorrogan de modo paradójico en manos de quienes presumen de que la economía local marcha a toda popa contra viento y marea de los tiempos que exigen contención en el gasto. Así es, porque se despilfarran demasiados fondos hacia políticas de panem et circenses: festivales musicales, eventos barrocos, carnavales y, por supuesto, un gimnasio construido a cualquier precio, suceda lo que suceda, pasando como un brabán por encima de la voluntad de muchas personas que así lo manifestaron; desacertadísima actuación municipal a la hora de resolver conflictos como los de la calle El Arco o la de los agricultores y su derecho al pasto… A ello se suman promesas incumplidas, como retirar la presencia anticonstitucional de la Cruz de Caravaca en el atrio, que sigue ocupando un lugar improcedente en el conjunto artístico que le rodea, o el olvido institucional respecto al acuerdo plenario para convertir el edificio del Molino en un centro de Memoria Histórica.
En definitiva, Alcaldía administra con soltura y facilidad suprema los recursos en actividades efímeras que se consumen en un instante. Son fuegos artificiales que deslumbran momentáneamente, pero que, al apagarse, no dejan tras de sí ninguna mejora estructural ni institucional duradera. Todo desaparece a los días, incluso se va desmoronando como sucede con algunas pinturas de las paredes que un día fueron dignas de aplauso y ante cuya ruina inminente el municipio sigue mudo y sordo.
Como cabría esperar, la respuesta habitual ante estas críticas evidentes es el rechazo sistemático de Alcaldía, bajo el argumento de que todo se hace por el bien del pueblo y por un desinteresado amor y por Santa Paciencia, virgen y madre cinco hijos, por eso es santa, y que, si no se remedia, pronto sustituirá a Santa Eufemia en el altar de nuestra tradicional devoción y que san Patoto no lo quiera y, si lo quiere, pues, eso: Santa Paciencia, ora pro nobis.
Mohicano
Mohicano

