Realidad y ficción

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Realidad y ficción

Según la RAE, la mentira se define como una cosa que no es verdad o la acción de mentir; es decir, comunicar algo que se sabe, cree o sospecha que es falso, esperando que los demás lo crean y ocultando la realidad parcial o totalmente. En mi infancia, a la mentira le llamábamos trola o bola, y al que mentía, trolero o bolero. Hoy a la mentira se le llama bulo, y ya no es lo mismo, porque parece que es una cosa que corre a su aire, que no hay nadie que la haya fabricado y, por lo tanto, el término bulero no se usa. Y en el colmo de los colmos, se utiliza el término fake news (noticias falsas); así, el sujeto agente que las fabrica, el mentiroso, no existe ni podemos conjugar un verbo.

El refrán de “se coge antes al mentiroso que al cojo” lo utilizábamos mucho porque teníamos claro —sin la cantidad de medios que tenemos hoy, sino con la enciclopedia Larousse o preguntando a testigos— que dejábamos al mentiroso con el culo al aire. Sin embargo, ahora cada vez es más difícil distinguir el grano de la paja, el hecho real de la interpretación u opinión del periodista. El relato está pasando a ser más importante que el grano de la noticia, pero no solo en el ámbito de la literatura, lo cual es lógico, sino en el del periodismo, la política y la justicia; esta última, según dicen, sujeta a hechos comprobados.

Ayer, día de la tragedia ocurrida en Urda, tuvimos horas y horas de construcción de un relato que condenaba por activa, pasiva y perifrástica al Gobierno, a Sánchez y al ministro de Transportes, Óscar Puente. Ese chorreo de paja en radio y televisión, sin tener datos de lo ocurrido entre la central y los trenes, alimentó el llanto, la pena y la solidaridad para con las víctimas, y la indignación y el cabreo para con el Gobierno del Reino de España.

En ese tsunami informativo apareció Óscar Puente y transmitió lo que él sabía haciendo un relato breve, sin paja, de lo sucedido, el cual dejaba en el aire algunas cosas porque no había pruebas. La rueda de prensa no sirvió de nada, porque el relato ya estaba redactado antes de que todo ocurriera, y los buleros y buleras hicieron el agosto.

Hoy, veintinueve del diez, he tenido la suerte de leer la prensa, lo que se supone un noticiero reposado y serio como el ABC (Agrupación de Boleros en Castellano), después de escuchar en la radio las grabaciones de la central en Atocha con los diferentes trenes. Y, la verdad, leer el editorial “Dos veces responsables” con frases como “Urda y Adamuz son la trágica consecuencia de un fracaso gubernamental continuado en la gestión de las grandes crisis de este país”, artículos titulados como “Puente, ni un minuto más” y tirar de fuentes bien informadas, expertos o personas cercanas que dicen “Sabían que la línea no era segura; el sistema está obsoleto, es de 1970” o “Iryo desmiente a Puente y asegura que su tren no reanudó la marcha porque aún esperaba instrucciones”, me deja sin palabras.

No tengo ninguna duda de que el relato dará para una serie de capítulo diario hasta el 29N, porque el relato da dinero.