¿A QUIÉN VOTAR?
Vecino. Informacion.

No se alarme el lector de este blog. En modo alguno, saldrá de “Villafrancade tertulia” ninguna indicación específica a la hora de que el ciudadano vote a este o aquel partido. Cada ciudadano es libre -o esclavo según se mire-, de sus intenciones, producto de mil causas diferentes, lo que hace, por tanto, más difícil decirle a nadie que vote a fulano o a zutano. Además, el orgullo cívico de cada ciudadano es de órdago. Si se le reprocha que vote a este o aquel, te responderá que “el vota según le dictan sus polinomios”. Además, ¿para qué perder el tiempo en adoctrinar a nadie en este campo de afinidades, cuando se trata de un caladero electoral donde el pescado está más que vendido? Excepto para los indecisos, gente con muchos escrúpulos, y los abstencionistas, gente con una coraza escéptica difícil de atravesar.
Aunque las razones a la hora de votar sean antitéticas, todas ellas se basan en el mismo argumento y que se reducen a esa fidelidad incorrupta de la militancia, difícilmente de trastocar. Analizar en qué se basa dicha fidelidad es, probablemente, lo más interesante de este episodio. Y en ello introduciré mi bisturí para dibujar mi reflexión.
Para ello, parto de una pregunta que se ha hecho viral en ciertos medios informativos. Y es esta: “¿Por qué la gente da su voto a partidos políticos que no favorecen sus intereses?” Y en esa situación se encuentran millones de personas de la derecha y de la izquierda.
Desde luego, no parece que tal actitud sea fruto de un pensamiento más o menos racional. Por lógica, una persona no debería votar a un partido que va a aprobar leyes que te van a dejar en la estacada o defraudar en tus creencias. Por eso, me gustaría plantearlo de otro modo: “¿Por qué votar a partidos que nunca aprobarán leyes que beneficien a la mayoría social?”.
En estos momentos, en este país existe un 25,7% de población en riesgo de pobreza o de exclusión social, es decir, 12,6 millones de personas. La pregunta es: “¿Quién hará más por rebajar esas cifras vergonzosas?”. No parece que lo vaya a ser la derecha si se analiza su último comportamiento con respecto a su negativa a aprobar la ley de la vivienda. Hay que hacer un esfuerzo de imaginación terrible para creerlo.
Y no es cuestión de votar a favor de la derecha o de la izquierda, La cuestión no es siquiera decidir si tal gobierno favorece o no mis intereses personales. La cuestión está en votar a favor de quienes están dispuestos a favorecer a los más desfavorecidos que tú. Ese es el matiz cualitativo que debería decidir el voto. Y, desde luego, la abstención, en este caso, sería un mal compañero de viaje, porque pudiendo con tu voto arropar ese nosotros en situación precaria y no hacerlo, es una puñeta.
Urna

